Plan de Cuernavaca
Romeo Hernández Mendoza


Otra vez el Alto Clero Católico, volvía a intervenir en la vida Política de México con tal de salvar su patrimonio y sus privilegios.

En febrero de 1834, a casi un año de la consolidación del Gobierno Liberal, se reunieron en la Sacristía de la Catedral de la Ciudad de México, esta vez ya no en el Templo de la Profesa , las máximas autoridades eclesiásticas para estudiar el mejor mecanismo de defensa en contra de las recurrentes agresiones liberales capitaneadas por Don Valentín Gómez Faría s y entre otros: Bernardo Couto, Manuel Crescencio Rejón (precursor del Amparo Mexicano) y José Ma. Luis Mora.

Entre enormes candelabros de Plata y Tesoros como la custodia de Borda, confeccionada con oro macizo y adornadas con perlas, diamantes, esmeraldas, rubíes, amatista y zafiros, mientras los creyentes morían de hambre y sin saber leer, ni escribir, se dio aquella histórica reunión. No podía faltar, otra vez, el propio Matías de Monteagudo , en la que, por instrucciones de este mismo, el obispo de Puebla, Francisco Pablo Vázquez Vizcaíno, exponía 10 puntos para dar un golpe de Estado , sin mayor tardanza al Vicepresidente de la República al mando de Don Valentín Gómez Farías

Se trabaría una alianza secreta con el Ejército, con o sin derramamiento de sangre y fueran las que fueran las consecuencias.

 

PLAN DE CUERNAVACA .

  1. •  Derogación inmediata de las leyes anticlericales emitidas por Gómez Farías.
  2. •  Derogación de la Constitución de 1824 y la Promulgación de una nueva en la que se prive de toda soberanía a los Estados de la Federación de modo que todo se resuelva desde el centro. El control total del país deberá recaer en las manos de Santa Anna y de un Congreso integrado fundamentalmente por representantes de Nuestra Madre Iglesia Católica y Romana, otros amantes de la reacción y destacados Jefes del Ejercito. Es la hora de la dictadura. A México le conviene el despotismo impuesto con sabiduría y virtud.
  3. •  Destitución del diablo de Gómez Farias y expulsión del país de sus secuaces. Luis Mora deberá ser sometido al raspado de las palmas de sus manos con ácido, como justamente se hizo con Hidalgo y Morelos. Acto seguido deberá ser fusilado y decapitado.
  4. •  Disolución del actual congreso integrado por demonios liberales.
  5. •  Destitución de los Gobernadores liberales que apoyaron a Gómez Farías y, por ende, promovieron el robo de los bienes propiedad de la Iglesia , así como la supresión de su fuero.
  6. •  Clausura inmediata de los periódicos anticlericales.
  7. •  Expulsión del país de los periódicos liberales o su encarcelamiento.
  8. •  Religión y Fueros será el lema del presente movimiento.
  9. •  Redacción de textos para ser leídos en los sermones o en las homilías en todo el país para honrar la unión católica y denunciar a sus enemigos.
  10. •  Nombramiento de una comisión clerical que visite al Señor Presidente de la República en Veracruz, para solicitarle su auxilio antes de que el país se envuelva en llamas por culpa de los liberales.

Este Plan retrógrada que desviaría una vez más el curso Progresista de México y que proyectaría de nueva cuenta un atraso a nuestro país, se dada al amparo de la cúpula de la Catedral Metropolitana y a un lado de la tumba donde descansaría para siempre Don Agustín de Iturbide Primer Emperador de México.

Por supuesto aquella Comitiva Eclesiástica, se había presentado ante Don Antonio López de Santa Anna , en su finca de Manga de Clavo, en Veracruz, para expresar el motivo de la Presencia del Alto Clero, a través de su interlocutor Francisco Pablo Vázquez Vizcaíno , Obispo de Puebla.

Una vez expuesto el Plan, el General Santa Anna, les dijo, esta bien, señores, sólo les pediría dos favores:

El primero.- Una suma importante para gastos del gobierno. La movilización que proponen costará mucho dinero para armar al ejército y saber convencer a mis generales de las inmensas ventajas del Centralismo.

El Obispo Vázquez Vizcaíno , preguntó ¿Y de cuánto estamos hablando Sr. Presidente?.¿Le parece bien de medio millón de pesos?, contestó el interpelado, tomen en cuenta que el territorio llega más allá de las costas de San Francisco... el esfuerzo militar por imponer la Nueva Ley será muy intenso y demandante de recursos de los que carece nuestro gobierno.

¿Y el segundo favor?, adujo el Obispo de Guadalupe.

El segundo favor, exclamó el General, consiste en solicitar su amable ayuda para vestir este cambio, necesito su apoyo para orquestar un golpe de Estado que aparente ser el resultado del hartazgo de la gente no sólo en relación a las políticas agresivas y déspotas de Gómez Farias , sino lograr instaurar en el futuro inmediato el centralismo en lugar del federalismo suicida.

Nuevamente aparece en escena el Pueblo dolido, harto de miserias, de desigualdad, tenía que aparentar que quería y exigía una nueva forma de gobierno del Estado y, para lograr que se escuchara su voz con la debida claridad, propusiera un movimiento armado.

La aprobación de los dos favores fue inmediata, Matías de Monteagudo , confirmaba en silencio sus pensamientos. He aquí a nuestro nuevo Iturbide . Una oveja realmente influyente para ayudarnos a conducir, por lo pronto mansamente, a nuestro sagrado rebaño que el señor tanto nos ha encomendado.

Y así, la historia siguió su curso, el 24 de abril de 1834, Santa Anna regresó a la Capital a la Presidencia de la República para desmantelar hasta el último rastro de la Administración Liberal , una vez recibido, desde luego un cuantioso y sustancioso préstamo a cambio de la Iglesia Católica.

Y es así, como el 25 de mayo de 1834, estalló el “Plan de Cuernavaca”, con el lema de “Religión y fueros” , desde luego declarando a Santa Anna única autoridad en condiciones de procurar al país la debida protección.

En pocas semanas, la derogación del sistema de los principios liberales era todo un reflejo de la voluntad popular de la nación. Por supuesto, que Gómez Farías, Bernardo de Couto, Manuel Crescencio Rejón y José Ma. Luis Mora, entre otros, fueron fulminantemente cesados o expulsados, salvando escasamente sus vidas.

Se clausuraron los periódicos como: “El Fénix de la libertad”, “El Diario del Sol”, “El Centralismo significó el regreso del Poder clerical a su máximo expresión: Pobre México, regresa al reino de las tinieblas

El 13 de junio de 1835, el día de San Antonio, onomástico de Santa Anna, organizó una ostentosa cena para más de 800 personas, a la que fue invitado el Sector más conservador de la sociedad, de la política y del ejército mexicano. Las fiestas y manifestaciones callejeras fueron en honor del dictador y así las masas reunidas en el Zócalo para tomar parte en el festejo vestían sombreros que exhibían un moño blanco y azul obsequiado por la iglesia a los penitentes, obligados a rezar 3 padres nuestros y que los moños contenían la siguiente leyenda: “Que viva la Religión y el noble de Santa Anna”

En tanto las iglesias echaban al vuelo todas las campanas y se organizaban misas de gracias en su honor en la catedral y en muchas iglesias y parroquias, era el momento para nombrar al dictador como “Protector de la nación”, siendo que Santa Anna no creía en las Reformas liberales pero tampoco en las conservadoras, ni aceptaba el sistema monárquico, ni el federal, ni el centralista. Sus convicciones políticas no tenían otro alcance que sus intereses personales: Esos eran sus únicos principios y su verdadera ideología.

En las homilías nunca faltaron párrafos como el siguiente:

“ Sea mil veces bendito el hombre que con tan diestra mano ha sabido volver a Dios su legítima herencia”. Así también en las misas se pedía por la salud, vida y acierto en el gobierno del grande y virtuoso Jefe Don Antonio López de Santa Anna, restaurador de la libertad de la iglesia.

Así las clases más privilegiadas: El Clero, Ejército y ricos propietarios, unidas en horroroso contubernio se lanzaron contra la obra reformista iniciada por Don Valentín Gómez Farías y los Puros” haciendo desaparecer casi por completo hasta las últimas huellas del liberalismo más puro y constructivo.

Se desconoce el Congreso y se elige a un Nuevo, hecho de acuerdo a las necesidades de la Iglesia Católica y, obviamente de Santa Anna, se deroga la Constitución de 1824 (federalista-liberal) y se promulga la Constitución (centralista - conservadora) el 23 de octubre de 1835 , conocida como las “ siete leyes ”.

¿Qué nos sacudiría de la fría indeferencia con que se repetían revueltas tras revueltas, golpes de Estado, tras golpes de Estado, cuartelazos tras cuartelazos, en los que jamás el pueblo tomo parte, sino que fue inducido y manipulado por el alto clero, en donde nunca obtuvimos beneficio alguno?

México con el rumbo torcido, empezaba su ritmo para construir su futuro, por lo que pagaría nuevamente una elevada cuota de sangre, sino que también empezaría un doloroso proceso de mutilación, de disolución nacional ocasionados por la iglesia, y entregando parte de nuestro territorio (texas) a los EE.UU., por ese miserable y cobarde que nos llenó de vergüenza a todos los mexicanos, el más cínico y el más perverso embustero “ su excelentísimo señor Presidente Don Antonio López de Santa Anna”, como la iglesia católica lo llamaba.

¿Cuántos mexicanos sabían de la existencia del Plan del Cuernavaca ? Y todavía peor, ¿cuántos conocían que este proyecto militar, para desestabilizar al gobierno federal, había sido orquestado por el Alto Clero y que su ejecución le había costado a México la perdida indirecta de Texas?

A los Mexicanos siempre nos han gobernados a través de una Teocracia Militar , durante trescientos años de Colonia que nos sometieron a un Estado Clerical, ejecutando por el Ejército Mexicano, constituido en brazo armado de la Iglesia Católica.

Nuevamente, no existía la Revolución Francesa ni sus principios liberales, ni el Enciclopedismo, ni la Ilustración , ni la Reforma Religiosa , ni la Separación Iglesia-Estado , nada.

¡Adiós liberalismo y sus vientos refrescantes! ¡Adiós a la libertad y al Progreso! ¡Adiós!, ¡Adiós!, ¡Adiós!.





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