La Guerra Sagrada
Romeo Hernández Mendoza

Una Nueva visión sobre la Guerra de Independencia de México.

En el pueblo de Tlahualompa, Estado de Hidalgo, allá por los años de 1768, era un pueblo minero, en donde algunos experimentados hacedores de campanas eran también consumados alquimistas, que utilizaban los talleres como un disfraz para ocultar sus actividades a la vigilancia de la Santa Inquisición.
Ese era el caso de Don Pedro González de Almería, quien de ser el mejor fabricante de campanas de toda la Nueva España y el secreto reconocimiento de ser también el más sabio alquimista del Virreinato.Don Pedro era mestizo, su padre había sido un indígena descendiente de Nezahualcóyotl y famoso por su portentosa inteligencia y sus destacados dotes de curandero.

Su madre había llegado de España, que pertenecía a la secreta hermandad de los alquimistas.En uno de sus viajes a Europa, Don Pedro al cruzar el Atlántico de regreso a la Nueva España, una furiosa tempestad estuvo a punto de hacer naufragar el navío en que viajaba, sintiendo la proximidad de la muerte, se produjo en lo más profundo de su ser una revelación; sí lograba sobrevivir debía consagrar su existencia a elaborar un instrumento musical que al ser tocado, despertase en los habitantes de la Nueva España el anhelo de ser independientes, de dar nacimiento a una nación libre y soberana.La tarea de elaborar una campana mágica cuyo tañer convoque a una lucha libertaria requiere en quien la realiza de un elevado estado de conciencia, de profundos conocimientos de alquimia.
Los metales que se utilizarían al fundirse en determinadas fechas y posiciones de los astros sería: 77% de cobre; 22% de estaño y 1 % de oro.El 22 de febrero de 1768, fecha en que Don Pedro había fijado para la realización de fundición de la Campana, justo una semana antes de que tuviera lugar el esperado evento, ocurrió un acontecimiento del todo inesperado en la vida de Don Pedro, al abrir muy de mañana las puertas de la casa, una de sus sirvientas encontró una canasta conteniendo a una niñita dormida, junto con ella venía una carta dirigida a Don Pedro, en la misiva se le informaba que la pequeña había nacido exactamente al medio día del pasado 10 de enero en la población Molango, su padre había muerto meses antes del nacimiento, y su madre falleció en el momento del parto, que la niñita era huérfana, no tenía familiar alguno que pudiese hacerse cargo de ella, por lo que la partera había consultado con un Guardián Secreto de la Tradición Sagrada lo que debía hacerse con la recién nacida.El Guardián Secreto procedió a realizar el Estudio del Tonalámalt de la niñita, o sea, de las influencias celestes prevalecientes en el momento de su nacimiento, descubriendo así, que se trataba de un ser muy especial, concluyó que la niña pertenecía a la Tradición Olmeca.El día 22 de febrero de 1769 año de Gracia del Señor, Don Pedro pronunció cada una de las palabras que integraban la fórmula que constituía uno de los máximos y mejor guardados secretos de los alquimistas: Laudo Deum verum, Plevem Voco, Convoco Clerum, Defunctos Ploro, Pestem Fugo, Festa Decoro, utilizando una pequeña porción sobrante del metal empleado para confeccionar la campana, Don Pedro y sus ayudantes hicieron el badajo de la misma, así como un anillo, destinado a ser utilizado cuando llegase el momento de localizar a la persona que tendría a su cargo la delicada misión de hacer uso del preciado instrumento libertario.
Acto seguido, una vez que Don Pedro comprobó que el metal se había enfriado, derramó sobre la campana una buena cantidad de agua mercurial, una sustancia que utilizaban los alquimistas para múltiples usos.
Sí la campana era realmente mágica, debía reaccionar elevando rápida y considerablemente su temperatura. Don Pedro empapó también con agua mercurial al badajo y el anillo, el tiempo transcurría y no se producía en estos objetos alteración alguna en su temperatura, la comprensión de su fracaso fue penetrando la conciencia del Alquimista.En medio de su abatimiento, Don Pedro alcanzó a percibir que de la cercana habitación en donde se encontraba la niña huerfanita llegaba su llanto, era un llorar singular que no parecía manifestar dolor o temor, sino una enérgica fortaleza. El ambiente se llenó de improviso de recias vibraciones, y entonces ocurrió el prodigio.Miren. - exclamó con asombrado acento -. el agua mercurial está evaporándose.
Campana, badajo y anillo parecían igualmente candentes, y apuntando hacia la habitación en donde se encontraba la niña, el alquimista exclamó: Fue ella, la vibración de su llanto fue lo que dio conciencia a los objetos. Con ágil andar, como si de repente le hubiesen quitado de encima cuarenta años, Don Pedro se dirigió al cuarto donde se encontraba la niña, la sacó de la cuna y la llevó hasta donde se encontraba la Trilogía de los objetos metálicos, señalando al anillo, afirmó: Es tuyo, tu serás la encargada de encontrar a quien habrá de tocar la campana.
Su sonido convocará a una "Guerra Sagrada" para lograr que renazca la Nación Mexicana.Una Larga BúsquedaA pocos días de realizada la fundación de la Campana, badajo y anillo, tuvo lugar el bautizo de la niña, a quien se le dio el nombre de "Catalina González".Muy pronto la pequeña Catalina comenzó a crecer y a dar muestras de poseer una naturaleza singular, pero lo más destacado eran sin lugar a dudas su excepcional inteligencia, a los 3 años ya sabía leer y a los cuatro ya entendía las complicadas operaciones alquímicas.El 6 de julio de 1774, Don Pedro González de Almería, dejó de existir, el ~ía anterior a su muerte reiteró a Catalina diversas instrucciones como: Que el Laboratorio como el Taller donde se fundían las campañas debían seguir funcionando bajo la dirección y tutela de Don Martín Torres de Quezada, ella sería la heredera del negocio, casa y dinero en efectivo; de igual forma cuando se sintiese apta para cumplir su misión, debía iniciar la búsqueda de la persona que habría de tocar la campana y dar comienzo a la Guerra Sagrada.La clave para efectuar dicha localización estaba en el anillo, pues éste cambiaría de color, de amarillo a blanco, al estar cerca o en posesión de la persona indicada.Al cumplir los quince años decidió que debía conocer al "Guardián de la Tradición Olmeca", que la había dejado a las puertas de casa de Don Pedro.
Se dirigió al Pueblo de Zacualtipán, donde aguardó pacientemente a que de alguna manera se diesen las circunstancias que permitiesen el deseado encuentro.No fue una larga espera. Catalina llevaba tan solo una semana en Zacualtipán, cuando al pasar frente a una tienda donde vendían toda clase de objetos de barro llamó su atención una olla de regulares dimensiones. Se detuvo a examinada, constatando que a pesar de su aparente sencillez no era un utensilio ordinario. La especial fineza en la textura del barro indicaba que se le había dado un determinado tratamiento, siguiendo al parecer un procedimiento semejante al que empleaban los alquimistas para dotar de excepcionales propiedades a ciertos objetos.
La joven percibió que, mientras observaba la olla, ella era a su vez motivo de observación y se dio la vuelta. Se encontró frente a un hombre de avanzada edad, cuyo rostro semejaba una estilizada máscara de jaguar. Nariz ancha y aplanada, cabeza grande y cuadrada, ojos. almendrados y oblicuos que despedían poderosos fulgores.¿Le gusta la olla? - inquirió el sujeto con voz de recio y modulado acento - Se la vendo bien barata. ¿ Cuánto cuesta?- Solo cien reales, por ser para usted.El precio era del todo exorbitante para el valor de mercado de cualquier olla, pero Catalina presintió que se la estaba poniendo a prueba y que le convenía seguir el juego, así que, sin dudarlo, afirmó:
Muy bien me la llevo.En ese caso permítame que se la prepare adecuadamente.Al tiempo que afirmaba lo anterior, el sujeto tomó la olla y la estrelló contra el piso. Acto seguido recogió cuatro pedazos que fue entregando a Catalina, diciendo:Uno se convierte en dos, dos se hacen tres y a través del tercero el cuarto realiza la unidad.Sin manifestar extrañeza alguna ante la conducta y las palabras del vendedor, Catalina efectuó el pago de la cantidad requerida, luego levantó del suelo tres pedazos de la destrozada olla y los dio al sujeto, diciendo:
El tres unido al cuarto expresa al siete. Ojalá sea digna de que se me dé la ayuda necesaria para que pueda colaborar a la formación de un siete.Catalina regresó a la hostería donde se hospedaba plenamente convencida de que había logrado encontrar a la persona que andaba buscando, tenía ahora que esperar a que ésta manifestase su deseo de establecer comunicación con ella, y así sucedió.
A la mañana siguiente un mensajero le entregó una carta que le enviaba el propietario de la tienda de objetos de barro - quien firmaba simplemente como Don Justo, y en la cual la invitaba a cenar esa noche en su morada, conocida como "La Casa de Piedra".
La joven Alquimista, expectante y emocionada aguardó la llegada de la noche; dedicó el día a recabar cuanta información le fue posible respecto a la "Casa de Piedra", no sólo sobre su ubicación, sino sobre la historia y las leyendas que existían respecto de ella. Se trataba de una casa en extremo singular, pues era monolítica, esto es, estaba tallada en una sola y gran roca, de tal forma que tanto las habitaciones como el mobiliario formaba parte de la misma piedra.Catalina llegó al anochecer a la "Casa de Piedra", Don Justo tras saludar a Catalina le indicó que tomase asiente y le mostró una hoja de papel de amate en el que aparecían dibujados varios jeroglíficos Náhualt. Se trataba del tonalámatl de la joven, aquel que se elaborara cuando estaba recién nacida para conocer las influencias celestes que determinarían su destino, con frases concisas, Don Justo fue explicando el significado de cada uno de los jeroglíficos.El 21 de marzo de 1783, Catalina González se instaló en la "Casa de Piedra" de Zacualtipán e inició su aprendizaje en la tradición Olmeca bajo la acertada dirección de Don Justo.
Durante 14 años la joven permaneció al lado de su maestro aprendiendo cuanto este podía enseñarle en el conocimiento de la profunda cosmovisión de los antiguos Olmecas y desarrollando las superiores facultades que estos llegaron a poseer, lo cual era preciso, a través de incesantes prácticas de oración y meditación alcanzar un vació o silencio interno que permitía en cierta medida conectarse directamente con la conciencia de la divinidad.Don Justo falleció al poco tiempo de haber cumplido los cien años de edad. Antes de morir designó a Catalina su heredera espiritual y en solemne ceremonia le confirió el "Grado Iniciático" de "Partera Olmeca", reiterándole que su destino entrañaba el cumplimiento de una trascendental misión:Colaborar al renacimiento de México, finalmente le recomendó que antes de que diese comienzo a la búsqueda de la persona a quien debía hacer entrega de la Campana fabricada por los Alquimistas, recorriese el país para establecer contacto con el mayor número posible de los Guardianes Secretos de las diferentes tradiciones que conformaban el alma de México, pues sólo contando con su apoyo la Guerra de Independencia que se proyectaba alcanzaría una dimensión verdaderamente sagrada.Las Culturas surgidas en México, podían resumirse esencialmente en cuatro que representaban la manifestación de los cuatro elementos que en este plano de la realidad dan origen a todo lo existente:
La Olmeca, vinculada con el agua; la maya, con el aire; la Zapoteca con la tierra y la Náhualt con el fuego.Para lograr su objetivo, Catalina se vio obligada a efectuar largos viajes a lo largo y ancho del extenso virreinato de la Nueva España. No era una tarea fácil, máxime teniendo en cuenta su condición de mujer soltera. La inquisición tenía ojos por todas partes, buscando encontrar personas a las cuales enjuiciar por salirse mínimamente de los rígidos cánones de conducta que el temido Tribunal tenía establecidos.
Con miras a evitar sospechas que muy bien podían terminar por llevarla a la hoguera, Catalina aprovechó la circunstancia de poseer una considerable fortuna para convertirse en una dama benefactora, dedicada a ejercer la caridad, para lo cual viajaba por las distintas intendencias visitando las instituciones religiosas a las que otorgaba importantes donativos.En esta forma, hospedándose siempre en conventos, asilos y orfanatos quedaba a buen cubierto de las pesquisas inquisitoriales.Los siete años que Catalina González se dedicara a recorrer la Nueva España, en marzo de 1804, Catalina dio por concluida la etapa de establecer contacto con los Guardianes Secretos de las cuatro tradiciones que constituyen el alma misma de México.Llegaba ahora el tiempo de dar cumplimiento a la tarea que consideraba su principal misión en la vida, localizar a quien había de ser entregada la campana cuyo resonar convocaría a una Guerra Sagrada.
La Revolución Francesa, había trastocado por completo el orden y la forma de vivir que habían prevalecido en Europa a lo largo de Siglos. La legitimidad del Sistema Monárquico era cuestionada y se propagaba por doquier doctrinas que otorgaban al pueblo la facultad de poder cambiar su sistema de gobierno y de elegir libremente a sus gobernantes.
En la Nueva España, habían sido los criollos quienes desde un principio acogieron con mayor entusiasmo la nueva ideología.
Los criollos, desde largo tiempo atrás venían manifestando su descontento por una situación que consideraban en extremo injusta, consistente en que, a pesar de que eran el sector de la sociedad poseedor de mayor riqueza e instrucción, les era negado el derecho de ocupar puestos importantes dentro de las jerarquías política y eclesiásticas, los cuales eran otorgados exclusivamente a los peninsulares, o sea, a las personas que habían nacido en España.
El día 1 de enero de 1808 iba a ser una fecha determinante en la vida de doña Catalina González. Ese día cumplía cuarenta años de nacida y se encontraba recién llegaba al pueblo de Dolores, adonde había acudido invitada por las monjas clarisas que tenían en dicho lugar un orfanato al que todos calificaban de ejemplar.
Sabedoras las monjas de que era el cumpleaños de su huésped, le habían preparado un opíparo desayuno, pero antes de ello esta y aquellas se dirigieron a oír misa en la cercana iglesia del curato. Comúnmente, era el cura de la localidad quien acudía a celebrar la misa en la capilla del convento, pero en esta ocasión era la festividad de año nuevo y tenía, por tanto, que decir algunos misas y atender muy variadas obligaciones en su propia parroquia.Catalina estaba siguiendo el ritual de la misa con profunda devoción, cuando de repente se dio cuenta de que su anillo mágico se había calentado ligeramente. Al observarlo, se percató de que la sencilla rondana de oro había sufrido una leve alteración en su color y era ahora de un pálido y no intenso color amarillo. Intentando disimular la emoción que la embargaba, doña Catalina trató de adivinar cuál era, de entre las personas que llenaban el templo, la que estaba produciendo los cambios en el anillo.
Tardó un tiempo en descubrirlo. Al pasar a recibir la comunión y quedar frente al sacerdote que oficiaba el sacramento, el anillo se tornó del todo blanco y su temperatura se elevó a tal grado que casi quemaba la piel de quien lo portaba.
El corazón de la mujer estuvo a punto de sufrir un colapso.
Al salir de la iglesia, doña Catalina preguntó a una de las monjas que la acompañaban cuál era el nombre del sacerdote que había celebrado la misa. Le dicen "El Zorro", por su gran astucia e inteligencia, se llama Miguel Hidalgo y Costilla.

LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD.
BIBLIOGRAFIA
"LA GUERRA SAGRADA"
Una nueva visión sobre la Guerra de Independencia de México. Autor: Antonio Velasco Piña . Editorial EDAF, Madrid, España
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